Se respiraba un ambiente vil y húmedo. La tierra se empezaba
a humedecer gota tras gota. Poco a poco los poros de la tierra quedaron
cubiertos de agua dejando inestable la superficie y pudiendo dejar nuestras
huella en él. La lluvia no cesaba y se incrementaba, las gotas recorrían
nuestros rostros.
-¿No me digas que eso es todo lo que tienes?- me dijo aquel
que en su momento se convirtió en mi mejor amigo, en mi compañero, en mi
confidente.
Me levanté lentamente y mi cabeza se alzó a su vez, dejándome
ver los destrozos ya ocasionados. varios árboles caídos, el agua intranquila y
fisuras en las rocas. Su rostro parecía tranquilo con una media sonrisa y con
sus ojos siniestros, apagados y llenos de misterio. Su torso desnudo presentaba
algunos rasguños como heridas leves pero nada serio. Mi pierna derecha
flaqueaba el último golpe había sido demasiado duro, necesitaba recuperarme o
seguir peleando hasta no poder más.
Un último relámpago surcó el cielo que incrementó la
intensidad de la lluvia y el golpeteo de ella sobre sí misma y las rocas. Las
nubes estaban coloreadas de un gris blanquecino y apenas se podían atisbar unos
pequeños haces de luz.
-Todavía... aunque sea lo último que haga, me queda mucho
por dar, por luchar y aunque sepa que esta noche es el fin, depende de mí que
sea un gran final o un final lamentable.- contesté, su sonrisa aumentó y sus
ojos brillaron por unos instantes, esa sensación me hacía retroceder al pasado.

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