-¡Oye!, no voy a dejar que lo hagas.- Me dijo mirándome
inquisitivamente.
-¿Hacer el qué?.- La miré sorprendido con lo ojos como
platos.
Selina miró al césped sobre el que estábamos sentados viendo
atardecer. Suspiró y empezó a arrancar con las manos unos manojos de césped. Me
acerqué y la rodeé con el brazo, ella se apoyo sobre mi pecho, alzó la vista y
mirándome a los ojos me dijo:
-Que me mires como si fuera la última vez que nos fuéramos a
ver.- Hasta ese momento yo seguía sonriendo.
Mi rostro se tornó triste. Los labios de Selina se curvaron
y empezaron a titubear, sus ojos marrones chocolate se inundaron y por su rostro
se derramó una gran lágrima que poco a poco recorría su mejilla. Alcé mi mano y
la coloqué perfectamente en su rostro para que mi pulgar pudiera retirar esa lágrima
de su mejilla antes de que cayera al suelo.
En ese momento ambos sonreímos y acercamos lentamente
nuestras cabezas, ella se apoyó en mi rodilla para alcanzar mi cabeza, nuestras
frentes estaban juntas y nos mirábamos a los ojos. Podía oler su aliento a
tabaco y menta. Nos susurramos un par de palabras y a continuación nuestros
labios se empezaron a juntar. Cogí con mis dientes su labio superior y lo mordí
levemente y al igual hizo ella a continuación con mis labios. Sencillamente, me
encantaba.
Cuando nos quisimos dar cuenta la noche se nos había echado
encima y las pocas parejas que paseaban por el parque habían desaparecido. A
nuestra derecha teníamos un enorme paseo seguido por encinas y robles que daban
a parar a un pequeño río artificial.
A nuestra izquierda más de lo mismo pero con arbustos; pero
enfrente teníamos un pequeño lago con patos contorneado por unas piedras
laminadas grises. Dentro del agua había una serie de piedras que nos permitían
acceder a un monumento que constaba de cuatro pilares que sostenían una base y
encima una campana resguardada con un tejado japonés.
Ambos miramos a los alrededores y vimos que no había nadie.
Me levanté de golpe y la cogí de la mano.
-¿A dónde vamos?.- Se levantó ágilmente y yo la señalé con
la cabeza el monumento.
Ella arqueó una ceja y yo la enseñé mi mochila, en la que
llevaba una toalla grande ya que sabía que íbamos a estar en el césped y por si
la importaba mancharse.
Saltamos las piedras y subimos a la base, ella miró a los
alrededores asombrada. Puse la toalla en el suelo y me tumbé mirándola como
tocaba la campana, tenía algo escrito en ella y ella intentaba descifrarlo.
-¿Que se supone que es esta campana?.- Parecía realmente
interesada.
- Representa el amor, o eso creo...- La verdad es que no me
acuerdo muy bien porque fue construida cuando yo apenas era un niño.
Ella me vio ya tumbado, apoyando el codo en la toalla para
poder mirarla y sonrió. Se acercó lentamente y me tumbó con ella a mi lado. Nos
empezamos a liar otra vez. Mis manos recorrían sus pantalones vaqueros pitillo
negros, me detuve en su culo y mis dedos lo empezaron a presionar. Ella
mientras tanto empezó a desabrocharme la camisa, botón tras botón.
Me puse de rodillas para quitarme la camisa finalmente y
ella a su vez se quitaba su camiseta blanca y negra de Jack Daniel's. La abracé
mientras ella me estaba besando el cuello, mi piel se estaba poniendo de
gallina y mis pelos se elevaban. Descendí mis manos hasta su sujetador y empecé
a desabrocharlo con torpeza. Cuando logré desabrochárselo ella me tiró contra
la toalla y su boca empezó a descender por mi garganta, por mi pecho, por mis
costillas, por mi ombligo...
Mis pantalones quedaron fuera de juego y mis calzoncillos
también. Se quitó los pantalones y me lanzó sus bragas.
Recuerdo cada
matiz de aquella noche, pero eso quedará para nosotros
PD: El Lugar era este






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