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domingo, 18 de agosto de 2013

Para Clara Prados

-¡Oye!, no voy a dejar que lo hagas.- Me dijo mirándome inquisitivamente.

-¿Hacer el qué?.- La miré sorprendido con lo ojos como platos.

Selina miró al césped sobre el que estábamos sentados viendo atardecer. Suspiró y empezó a arrancar con las manos unos manojos de césped. Me acerqué y la rodeé con el brazo, ella se apoyo sobre mi pecho, alzó la vista y mirándome a los ojos me dijo:

-Que me mires como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver.- Hasta ese momento yo seguía sonriendo.

Mi rostro se tornó triste. Los labios de Selina se curvaron y empezaron a titubear, sus ojos marrones chocolate se inundaron y por su rostro se derramó una gran lágrima que poco a poco recorría su mejilla. Alcé mi mano y la coloqué perfectamente en su rostro para que mi pulgar pudiera retirar esa lágrima de su mejilla antes de que cayera al suelo.
En ese momento ambos sonreímos y acercamos lentamente nuestras cabezas, ella se apoyó en mi rodilla para alcanzar mi cabeza, nuestras frentes estaban juntas y nos mirábamos a los ojos. Podía oler su aliento a tabaco y menta. Nos susurramos un par de palabras y a continuación nuestros labios se empezaron a juntar. Cogí con mis dientes su labio superior y lo mordí levemente y al igual hizo ella a continuación con mis labios. Sencillamente, me encantaba.

Cuando nos quisimos dar cuenta la noche se nos había echado encima y las pocas parejas que paseaban por el parque habían desaparecido. A nuestra derecha teníamos un enorme paseo seguido por encinas y robles que daban a parar a un pequeño río artificial.
A nuestra izquierda más de lo mismo pero con arbustos; pero enfrente teníamos un pequeño lago con patos contorneado por unas piedras laminadas grises. Dentro del agua había una serie de piedras que nos permitían acceder a un monumento que constaba de cuatro pilares que sostenían una base y encima una campana resguardada con un tejado japonés.

Ambos miramos a los alrededores y vimos que no había nadie. Me levanté de golpe y la cogí de la mano.

-¿A dónde vamos?.- Se levantó ágilmente y yo la señalé con la cabeza el monumento.

Ella arqueó una ceja y yo la enseñé mi mochila, en la que llevaba una toalla grande ya que sabía que íbamos a estar en el césped y por si la importaba mancharse.

Saltamos las piedras y subimos a la base, ella miró a los alrededores asombrada. Puse la toalla en el suelo y me tumbé mirándola como tocaba la campana, tenía algo escrito en ella y ella intentaba descifrarlo.

-¿Que se supone que es esta campana?.- Parecía realmente interesada.

- Representa el amor, o eso creo...- La verdad es que no me acuerdo muy bien porque fue construida cuando yo apenas era un niño.


Ella me vio ya tumbado, apoyando el codo en la toalla para poder mirarla y sonrió. Se acercó lentamente y me tumbó con ella a mi lado. Nos empezamos a liar otra vez. Mis manos recorrían sus pantalones vaqueros pitillo negros, me detuve en su culo y mis dedos lo empezaron a presionar. Ella mientras tanto empezó a desabrocharme la camisa, botón tras botón.

Me puse de rodillas para quitarme la camisa finalmente y ella a su vez se quitaba su camiseta blanca y negra de Jack Daniel's. La abracé mientras ella me estaba besando el cuello, mi piel se estaba poniendo de gallina y mis pelos se elevaban. Descendí mis manos hasta su sujetador y empecé a desabrocharlo con torpeza. Cuando logré desabrochárselo ella me tiró contra la toalla y su boca empezó a descender por mi garganta, por mi pecho, por mis costillas, por mi ombligo...

Mis pantalones quedaron fuera de juego y mis calzoncillos también. Se quitó los pantalones y me lanzó sus bragas.


Recuerdo cada matiz de aquella noche, pero eso quedará para nosotros



PD: El Lugar era este


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