Aún quedaba la última vela por encenderse pero aun así
estaba todo preparado. Las cortinas las cambié por unas rojas de seda que por
las que no traspasaba la luz de la luna. El mantel Blanco con una botella de
vino en la mesa, dos pares de cubiertos, y unos platos a estrenar comprados esa
misma mañana en el centro comercial. Las servilletas rojas tenían escrito mis
iniciales. La habitación había quedado impecable con unos pétalos de rosa al
rededor de la mesa y por debajo para que cuando se sentara pudiera quitarse sus
zapatos y mezclar sus pies con los pétalos de rosa como si de un baño de agua
caliente se tratase. El ambiente se estaba aromatizando con el olor de la pasta
recién sacada del horno; unos fetuchini al dente.
En ese momento el timbre sonó y se me clavó un punzón en el
pecho que desgarraría mi garganta y desataría mis piernas. Abrí la puerta y allí
estaba ella con ese vestido rojo tan característico que resaltaban sus ojos
verdosos azules y su pelo entre cobrizo , rojizo y castaño. Era una fusión
explosiva, la cogí de la mano y tras una breve conversación la ofrecí
acompañarla por el camino de rosas rodeado por velas como si de una autopista
se tratase; hasta que la final llegamos al baño.
Entré detrás suya y miré su cara con esa sonrisa pícara que
me inducía al pecado. La bañera seguía espumosa con los pétalos de rosas y las
velas seguían posadas encima de los armarios y del lavabo. Cogió mis manos y me
las deslizó a lo largo de su cintura susurrándome que la ayudara con el
vestido. Deslicé lentamente la cremallera de su vestido mientras ellas me
desabrochaba la camisa y los pantalones. Su ropa interior era negra y
transparente, se lo quitó todo y se metió en la bañera mientras yo también lo
hacía. El paquete de Black Stones estaba abierto y ella me los ofreció pero sin
embargo ella hizo desaparecer la idea de fumar; la cogí de la mano apartando el
paquete que cayó al suelo fundido con los pétalos de rosa. Tras abalanzarme
sobre ella y hundirnos bajo el agua salimos del agua más relajados aún.
Los Fetuchini se estaban enfriando pero daba igual porque
seguramente nos los tomaríamos para desayunar, los susurros se convirtieron en
nuestro idioma, las caricias en nuestro lenguaje y los besos en nuestras
palabras. Mientras poco a poco nos desplazamos a la gran cama ya deshecha escuchábamos
una canción que nos había marcado a ambos "Christian Perri- Thousand
Years" eso añadía un romanticismo al momento de probar la manzana, de
sucumbir en el pecado y de arrastrarme al infierno; pero ¿Qué estaba diciendo?
ella era mi ángel y lo que me hacía era llegar al cielo.
Acariciar su pelo me parecía relajante mientras ella con sus
labios carnosos rozaba mi cuello. El resto... Más increíble de lo ya contado.
Para Ella, la protagonista

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